Luc Besson reinventa a Drácula: un cuento de amor eterno
El célebre director francés Luc Besson, responsable de clásicos como El quinto elemento y El profesional (Léon), regresa con una propuesta inesperada: una nueva versión del mito de Bram Stoker que se aleja del terror para convertirse en una historia romántica. Su película número 22, titulada en su versión original Dracula: A Love Tale.
Una mirada distinta al mito
Besson asegura que su obra no es una adaptación convencional ni una película de terror. Para él, el personaje de Drácula es el telón de fondo de una historia sobre la pérdida y la esperanza.
“Cuando releí la novela me di cuenta de que era un cuento de amor. Todo el mundo habla de la sangre y el terror, pero es un hombre que espera siglos para despedirse de su esposa. Eso es muy romántico”, explicó el cineasta.
La película se inspira en la idea de un ser condenado a la eternidad, que atraviesa siglos y escenarios históricos —de Florencia a Versalles— en busca de un último encuentro con su amada.

Elenco internacional y transformación extrema
El papel de Vlad el Empalador recae en Caleb Landry Jones, actor con quien Besson ya había trabajado en Dogman (2023). Su caracterización exigió hasta seis horas de maquillaje diario, un proceso que el propio director recuerda con anécdotas divertidas.
Acompañan al protagonista el oscarizado Christoph Waltz, en el rol de un sacerdote enfrentado a las criaturas de la noche, y la debutante Zoë Blue, hija de Rosanna Arquette, quien interpreta a la nueva amada del vampiro. La química entre los tres actores fue, según Besson, uno de los pilares creativos del rodaje.
Arte, música y vestuario deslumbrante
La película cuenta con la música de Danny Elfman, colaborador habitual de Tim Burton, y la dirección artística de Patrice Garcia, que impregna la cinta de un tono púrpura constante. El vestuario, diseñado por Corinne Bruand, incluye más de 2.000 trajes de época, confeccionados por un equipo de 940 profesionales.
El rodaje se trasladó a Finlandia para capturar paisajes nevados imposibles de encontrar en Francia debido al cambio climático. Esta decisión dio a la nueva Transilvania un aire distinto y sorprendente, alejándola de las representaciones tradicionales.

Una obra personal y única
Besson rechaza comparaciones con Coppola, Murnau o Herzog, y defiende que cada artista ofrece un punto de vista irrepetible:
“Es como si pusieras un modelo en una mesa y alrededor estuvieran Modigliani, Durero, Picasso y Dalí. Ninguno haría la misma pintura, aunque partieran de lo mismo”.
un Drácula que conmueve
Con Drácula: Un cuento de amor, Luc Besson se aparta del terror clásico para ofrecer una mirada íntima y romántica al mito del vampiro. Más que sangre y oscuridad, propone una reflexión sobre el tiempo, la pérdida y la eternidad de los sentimientos.










